domingo, 7 de julio de 2013

Dia del boton

Laura fue despertada por su padre, algo que no había ocurrido desde que era pequeña. A medida que sus pensamientos adquirían prominencia en su mente, se sintió segura de que había dormido sin ropa, y que su padre la había visto; pero para su alivio traía puesta su pijama celeste. Dios, ¿qué estaba haciendo aquí?
—Vamos —dijo él alegremente, abriendo las cortinas y dejando que la luz solar entrase—. Es el Día del Botón, ¿lo recuerdas? Vístete, ponte algo bonito. Nos vamos en una hora.
—Papá, ¿qué demonios? ¿No pudiste simplemente tocar? ¿Y si dormía desnuda?
No la volteó a ver, estaba muy ocupado admirando su jardín desde la ventana.
—Créeme, no es nada que no haya visto antes. Soy tu bendito padre, te he limpiado el culo demasiadas veces ya.
—No es el punto, papá —Laura se incorporó, refregándose los ojos, y recordó lo que su padre acababa de decir—. Papá, ¿acaso dijiste «Día del Botón»?
—Eh, sí. Qué, ¿se te olvidó? —Rió mientras se dirigía hacia la puerta—. No parabas de hablar sobre ello anoche.
Laura frunció el ceño, sin entender.
—¿De qué estás hablando?
Él negó con la cabeza, todavía sonriente mientras salía de la habitación.
—Vístete. El desayuno está listo.
La dejó sentada en la cama, con la sábana hasta sus pechos, y una mirada de confusión en su rostro. Eventualmente se levantó de la cama y empezó a probarse ropa que tenía a mano. Sonidos familiares le llegaban desde abajo: el traqueteo de ollas y sartenes, la televisión por lo bajo, las voces de su familia hablando entre sí, una breve y estridente risa —su hermano, sin dudas riéndose de la televisión—.
Subió la cremallera de sus pantalones y esperó pensativa un momento, antes de finalmente decir, «¿Día del Botón?».
En la planta baja, su madre estaba lavando los platos, tarareando para sí misma. Su padre y su hermano estaban sentados en la mesa, comiendo tostadas; su hermano vestía con una camisa blanca, y él nunca usaba camisas. Dudaba de que incluso tuviese una. Era una de su papá, la reconoció.
—¿Qué con la camisa? —preguntó, tomando una tostada, y los ojos de su hermano no se alejaron del televisor, lo que era típico de él.
—Es el Día del Botón, ¿no? —murmuró con la boca llena de tostada, y su madre se volvió para regañarlo.
—Mark, no hables con la boca llena —Vio a Laura y suspiró—. Laura, podrías haberte puesto algo mejor que eso. Al menos haber hecho el esfuerzo.
—¿Para qué? —dijo Laura; luego miró al techo, irritada—. Oh, espera, déjame adivinar. Día del Botón. ¿Me estoy perdiendo de algo?
Su madre negó con la cabeza, retomando su quehacer.
—No seas tan infantil, Laura. No te luce. Por favor, asegúrate de cambiarte antes de irnos.
—Quería ver a Michael hoy. No iré con ustedes, lo siento.
El silencio cayó sobre la cocina en lo que todos abandonaron lo que estaban haciendo, y la miraron sorprendidos. Con cautela, Laura dijo:
—¿Qué tiene?
—¿Estás loca? —la cuestionó su hermano—. No puedes salir hoy, ¡vendrás con nosotros!
—Laura, ¿has hecho planes? ¿Hoy, de entre todos los días? —preguntó su padre, cansándola.
—¡Sí, hice planes! ¿Qué demonios está sucediendo esta mañana?
Nadie le respondió. La miraban como si hubiese perdido la cabeza.
—¿Saben qué? Olvídenlo.
—Laura, detén esto, ahora mismo —le reclamó su madre—. Sabías perfectamente lo que íbamos a hacer hoy. Fue planeado desde hace mucho tiempo. Puedes simplemente llamar a Michael y explicarle por qué no puedes ir a verlo.
—¡De eso se trata! —gritó Laura—. ¿Qué le digo? ¡No sé por qué no puedo ir!
—Es el Día del Botón —dijo su hermano—. Ésa es la razón.
—¿Día del Botón? —voceó ella—. ¿De qué diablos están hablando? ¡Nunca oí sobre el Día del Botón! Todos están actuando como si… —Se detuvo de repente, comprendiendo. Su familia le estaba jugando una broma. Era un chiste. Sosegándose, le pareció como si un gran peso hubiese sido removido de sus hombros.
—Muy divertido, chicos —dijo ella, con su voz tranquila y serena—. En serio caí. —Se giró y salió del cuarto, dirigiéndose hacia la puerta principal. Mientras iba, escuchó la voz de su madre llamándola.
—¡Laura! Por favor regresa en una hora, no podemos irnos sin ti, ¿está bien?
—Claro, claro —respondió yéndose—. No querría perderme el Día del Botón, ¿verdad?
Podía ver la casa de Michael desde aquí, con la cerca blanca y el amplio jardín de la entrada. Empezó a trotar, ansiosa por verlo. Al cruzar la calle la puerta principal se abrió y Michael salió con una expresión de sorpresa en su rostro. La había visto venir desde su casa.
—Hey, ¿qué ocurre? —preguntó Laura, y para su aflicción, él se veía ligeramente enojado.
—No deberías estar aquí —le dijo.
—¿Qué, nos peleamos, y lo olvidé?
—Me dijiste que hoy era el Día del Botón de tu familia —dijo, y hubo un movimiento detrás de él.
Laura parpadeó, con la boca entreabierta por la impresión. Una chica rubia fue hacia la puerta y escabulló su brazo alrededor de Michael. Estaba usando una camisa para dormir y nada más, y su cabello estaba despeinado.
—Vete a casa —dijo la rubia, y Laura retrocedió, parpadeando para contener las lágrimas. Michael no le devolvió la mirada, así que se dio la vuelta y corrió.
Se topó con su madre justo cuando iba a entrar a su cuarto. Ella atrajo a Laura a su cuerpo, sosteniéndola mientras sollozaba.
—Lo sé, lo sé. Déjalo salir —le acarició el cabello, meciéndola un poco.
—Los hombres son unos bastardos, ¿no es así? —Laura retrocedió para mirar a su madre, sobándose las lágrimas—. ¿Te enteraste…?
—Acabas de volver de su casa en un mar de lágrimas. No hace falta un genio para entender lo que pasó.
—Se consiguió una rubia. ¡Una rubia! ¡Apuesto que por eso quería que me tiñera el cabello!
Lloró un rato más, y su madre la sostuvo.
—Ya está, ya está. Vamos. Empecemos a cambiarte para nuestro viaje.
—¿Así que vamos a salir?
—¡Por supuesto que sí! Aquí tienes, ésta es una blusa linda. La mejor que tienes, me parece. Pruébatela, quiero que nos veamos como nunca para nuestro Día del Botón.
De inmediato recordó a Michael mencionando también el Día del Botón. Esto no era una broma. Era real. Todo era real, y no tenía idea de lo que estaba pasando.
—Mamá, escúchame un momento. Algo está mal.
—Lo sé. En serio te gustaba, sé que sí. Es terrible que te haya molestado en este día justamente.
—Eso es, Mamá: no sé nada sobre el Día del Botón. Nunca lo oí, ¡y desde esta mañana pienso que soy la única persona que no tiene ni la más remota idea de qué está sucediendo!
—Bueno, siendo honesta, yo tampoco soy una experta. Sé que fue una idea del Gobierno para combatir la…
—No, no. Me refiero, a que no sé de él. En lo absoluto.
Transcurrió un silencio incómodo, en el cual su madre la miró por un largo tiempo. Su boca formaba una línea rígida. Cuando finalmente habló, su voz estaba calmada.
—Sé que estás triste, así que no le haré caso a tu pequeña broma, ¿está bien? Sólo cámbiate; aquí está tu blusa, te veré en el auto en cinco minutos. Te estamos esperando.
Su madre se marchó, dejando a Laura sola y asustada, con su mejor blusa entre sus manos temblorosas.
Lo siguiente que recuerda es que estaba en el coche. Todo acontecía de una manera tan fluida y despreocupada que cada vez se sentía más incómoda. Podía ver su entorno con extremo detalle, a cámara lenta: la pelusa en la manga de su madre, un poco de barba que la máquina de afeitar de su padre había dejado, una grieta en el pavimento mientras andaban. De pronto se sintió más lúcida de lo que jamás se había sentido en toda su vida; pero era incapaz de hablar, siendo impedida por su propio cuerpo.
En alguna parte de lo más profundo de su ser, aún creía que todo era una broma, un enorme y elaborado engaño. A medida que se estacionaban frente a un edificio blanco con forma de caja, esa esperanza se desvaneció.
—Aquí estamos —dijo su padre con alegría, y actuando como si estuviesen en la playa, su familia salió del coche, charlando animadamente. Se dirigieron hacia la puerta principal y les siguió el paso. Un letrero se alzaba frente a ellos: «PROPIEDAD DEL GOBIERNO. MANTÉNGASE ALEJADO». Vio las cámaras de seguridad filmándolos, y se apresuró a la entrada.
—Hola, somos los Krandalls. Estamos aquí para nuestro Día del Botón —dijo su papá, y la recepcionista le sonrió.
—Siga, señor. Sólo continúe caminando hacia allí.
Su padre le agradeció, y se fueron por un largo pasillo iluminado, decorado con placas de bronce que brillaban. Había algo grabado en todas ellos, bloques y bloques de texto, y Laura se acercó mientras caminaba para ver de qué iban —vio su reflejo mirándola de vuelta, y bajo las intensas luces fluorescentes, se veía demacrada—. Nombres. Cientos, miles de nombres, uno después de otro. Hogg. Wilson. Carpenter. Buxton. Bell. Palmer. Rowe. Brown. La lista seguía, aparentemente sin fin.
El pasillo los condujo a un salón blanco con cuatro pequeños pilares, cada uno con un botón rojo encima, y más allá había un largo y pulido escritorio negro, con tres funcionarios del gobierno esperando. La insignia del Gobierno colgada en una enorme pancarta en la pared. El cuarto permanecía en silencio, y estéril.
Laura vio a su familia caminar todos hacia un pilar, mirando expectantes a los funcionarios, guardando un pilar para ella. Con su propio botón. Temerosa, caminó hacia él, notando al llegar que el suelo estaba ligeramente inclinado en dirección a un desagüe del que no se había percatado antes. Uno de los funcionarios habló y su voz resonó en el espacioso cuarto.
—Familia Krandall. El Gobierno ha decidido que éste sería su Día del Botón. Les agradecemos por el sacrificio que hacen por su país, y por su gente. Sus nombres se unirán a aquellos en el largo pasillo dedicado a su honor.
—Nos enorgullece —dijo su padre, y su madre asintió, con sinceridad. Su hermano se veía como si estuviese a punto de llorar por la emoción.
El funcionario continuó.
—Entonces por favor, a su debido tiempo, presionen los botones. Que Dios esté con ustedes.
Su padre se volvió para mirar a su esposa, su hijo, su hija, y sonrió.
—Iré primero, para mostrarles lo fácil que es. —Presionó el botón de su pilar, y éste se hundió con un ruidoso y satisfactorio clic.
Mientras Laura observaba, la cara de su padre se tornó roja, como si hubiese estado corriendo. Recordó con qué rapidez él se ruboriza al hacer ejercicio, y supuso que simplemente había caminado muy deprisa en el pasillo, o algo así. Fue entonces cuando una lágrima carmesí se deslizó por su mejilla, y cayó en el duro suelo blanco.
Laura miró, petrificada, cómo empezó a derramarse sangre de los ojos, nariz, orejas y boca de su padre. Corría por su camisa, por el cinturón que le había regalado para su cumpleaños y por sus pantalones. Salpicaba el suelo. A un mismo tiempo, sus ojos reventaron como ciruelas pasadas y colgaron de sus mejillas, aún conectados a su cuerpo por filamentos rojos.
En lo que él se desplomaba, su madre y su hermano se miraron sonriendo, y presionaron sus botones. Se giraron hacia Laura, sosteniendo sus manos, mientras sangre caía de sus ojos y nariz, y manaba de su boca. Asumieron que ella había apretado el suyo, también.
Laura tomó aire para gritar, pero el suave «pop» de los globos oculares de su hermano y su madre le hicieron un nudo en la garganta. Cayeron de espaldas, aterrizando uno sobre el otro. La sangre se canalizaba en el drenaje, que bebía tranquilamente.
Todo fue silencio.
—¿Señorita Krandall?
Paralizaba, vio a los funcionarios observándola con atención.
—Señorita Krandall, la sobrepoblación está destruyendo nuestras ciudades y pueblos. Su país necesita de su acción hoy.
Los miró con los ojos completamente abiertos. A su lado, la mano de su hermano tembló, el último de los impulsos nerviosos se desvaneció. La sangre ya estaba empezando a coagularse en las cuencas de sus ojos.
El funcionario se paró lentamente, y ella notó que era un hombre alto. Más alto que la mayoría, sin duda.
—La humanidad ha llamado —dijo, con un tono de voz que descendió a casi un susurro. El mundo se había reducido al botón bajo sus dedos. Era suave y rojo. Presionable.
—¿Va a responder?

La verdadera historia de Blanca nieves.

Liliana esperaba con ansias la llegada de su primogénita, esa criatura que tanto habían soñado ella y su esposo, Lord Frederick. Tan segura estaba de que sería una niña, que todas las noches imaginaba su apariencia hermosa con piel blanca como la nieve, cabellos tan negros como una noche sin luna ni estrellas y labios rojos, tan rojos como la sangre fresca…
De pronto empezó a sentir un dolor muy agudo en el vientre e instintivamente llevó sus manos a él, mientras se doblaba del dolor y veía cómo el inmaculado vestido que llevaba puesto empezaba a teñirse de rojo hasta los pies, haciéndola gritar por ayuda.
Fueron horas de labor y dolor el dar a luz a esa criatura hermosa, tanto así que la salud de Liliana empezó a decaer, día a día, y ella dejó de ser la misma.
Los siguientes meses transcurrieron dentro de un ambiente de calma y alegría, mezclado con incertidumbre para Lord Frederick, ya que su felicidad no podía ser completa si tenía que ver cómo la belleza y juventud de su amada esposa se consumían rápidamente con el pasar de los días; en cambio, su hija crecía, y empezaba a dar sus primeros pasos.
Liliana murió al cabo de un año, dejando huérfana a su pequeña Lilly, y a Lord Frederick con un dolor profundo.
A los ocho años Lilly se había convertido en una niña hermosa, pero malcriada, y podría decirse que hasta malvada: gozaba maltratando a las hijas de los sirvientes, atrapaba ratones para luego ahogarlos en un balde con agua y cazaba aves pequeñas para arrancarles las alas, mientras su mirada se tornaba en algo grotesco…
Un día Lord Frederick la mandó a llamar para anunciarle que tendría que salir de viaje, puesto que iría a conocer a quien sería su nueva esposa. Esto a Lilly no la complació en lo absoluto y sólo respondió  con una mueca, echando a correr. Su comportamiento seguía empeorando, permanecía horas encerrada en la habitación de su madre cepillando su cabello frente a un gran espejo, con la mirada perdida en el vacío de su reflejo.
Pasó un tiempo antes de que Lord Frederick regresara a su castillo. Al parar el carruaje en el que venía, bajó y se quedó parado con la mano extendida a la puerta del vehículo tomando la mano de una hermosa mujer. Detrás de ella, un hombre apocado y aparentemente con retraso mental cargaba una caja de madera. Lord Frederick buscó a Lilly entre el mar de gente que llagaba a recibirlos; una de las sirvientas la traía de la mano, la pequeña llegó con la mirada baja y una de sus manos cerrada en un puño.
Lord Frederick la llamó pero ella no respondió, haciendo que quisiera darle una reprimenda, pero la hermosa mujer a la que aún sostenía de la mano lo contuvo suavemente, al mismo tiempo que se inclinaba para saludar a la pequeña. Lilly la observó desafiante, pero la mujer no dejó de sonreír y preguntó a la niña si podía mostrarle su mano. La mirada de Lilly se tornó maliciosa, y abrió su puño para dejar ver el cuerpo de un ratón desollado y sin ojos.
Sin perder la compostura, la bella dama le preguntó si no preferiría cambiarlo por lo que sostenía el hombre, hermano de Lady Claudia —así era como se llamaba la bella mujer—. Ésta tomó la caja en manos de su hermano y al abrirla apareció un cachorro. Se lo mostró a la niña; ella dejó caer el ratón, sacó al cachorro, se dio media vuelta y se alejó saltando y cantando dejando a Lady Claudia encubriendo el enojo que le provocó por haberla ignorado… Al día siguiente se celebraba la boda entre su padre y Lady Claudia, pero Lilly no salió de la habitación de su madre y lloró amargamente frente al espejo.
Horas después los recién casados se encontraban dormidos. Lady Claudia empezó a sentir cómo algo goteaba en su cara. Se enderezó en la cama, pasó su mano por el rostro… ¡sangre!, era sangre de lo que se mancharon sus dedos. Miró hacia arriba y el cachorro que le había regalado a Lilly prendía de la cabecera degollado; pero ella no gritó, sólo tomó lo que quedaba del animal y se dirigió a la habitación de la niña. Al entrar se sentó en la cama y despertó a la pequeña con un beso en la frente. Lilly abrió los ojos, y entonces le dijo en voz muy baja:
—Es mejor que no me tomes como a tu rival pequeña, porque puede que pierdas la guerra.
Con el pasar de los años Lilly se convirtió en una adolescente bella e inteligente, mucho más que su difunta madre, pero con una personalidad cruel y sanguinaria. Su madrastra esperaba a su primer hijo, y Lord Frederick organizaba una gran fiesta para celebrar el cumpleaños de su hermosa primogénita. Por esta razón, Lady Claudia ofreció a Lilly el vestido que ella usó cuando cumplió dieciséis como una muestra de tregua a su pequeña guerra. La joven aceptó el vestido y caminó hacia la habitación de su madre.
Esa noche, Lilly apareció en la fiesta ataviada con uno de los vestidos de su madre. Lady Claudia se enfureció mientras veía bailar a su hijastra, y su esposo estaba embelesado porque su hija le recordaba a Liliana. La mujer empezó a sentir contracciones, y horas después el bebe nació, muerto. Lord Frederick quedó devastado… pero no se comparaba al dolor de la madre fallida, quien gritaba a todos que la dejaran en paz y llamaba a voces a su hermano. Lilly contuvo una risa de victoria.
Tras haber perdido su belleza, Lady Claudia se encerró en sí misma, hasta que un día dejó la habitación para vagar por los pasillos del castillo, y al dar con la habitación de Liliana, sintió como si una voz la instigara a entrar. Lo hizo, y caminó hasta quedar frente a un espejo inmenso con bordes dorados. Hipnotizada, se sentó en el banco junto a él y miró fijamente su reflejo, ya no gozaba de juventud… Empezó a llorar, y gritar, que todo era culpa de esa mocosa. Intentó destruir el amado espejo de Liliana, pero su reflejo la detuvo, y hablando como si tuviera vida, y haciéndola sentir que perdía la razón, le prometió devolverle su juventud y belleza siempre y cuando estuviera dispuesta a hacerle unos pequeños favores…
Así fue como Lady Claudia había rejuvenecido ante la mirada llena de odio de Lilly. Cegada por su sentimiento de triunfo, envió a Lilly a un viaje con el pretexto de que necesitaba conocer el mundo. Pero le pidió a su hermano que la escoltara, y se asegurara de que sufriera un «accidente» en el camino. Mientras tanto, Lady Claudia se encargaría de vengarse de su amado esposo, quien siempre prefirió a Lilly por sobre ella.
La noticia de que Lilly y su hermano habían desaparecido sin dejar rastros no tardó en llegar. Aunque esto destrozó aún más a Lord Frederick, la evidente muerte de su hermano no significó nada para Lady Claudia, y siguió envenenando a su esposo y llenándolo de dolor, decidida a hacer de él un despojo humano. En cuestión de noches Lord Frederick había perdido completamente su espíritu y vagaba por el castillo llorando y buscando desesperado a Lilly, pero ella no contestaba su llamado.
Todo sería distinto una noche de invierno, cuando el ambiente en el castillo era más tétrico que de costumbre. Lady Claudia paseaba por la habitación que era de Liliana llevando en brazos un pequeño bulto, tarareando una y otra vez la misma canción. De repente, se escucharon gritos a la entrada del castillo; Lady Claudia posó el bulto en la cama para asomarse por la ventana. Uno de los guardias había sido degollado y destrozado mientras los demás huían despavoridos como si una jauría de lobos los atacara. Eran siete hombres corpulentos, aullando de placer, desgarrando a los guardias uno a uno ¡con sus propias manos y dientes! La sangre que brotaba de sus víctimas manchaba sus rostros y caía impúdica sobre la blanca nieve…
Lady Claudia se aterrorizó y quiso correr a asegurar las puertas de la habitación, pero ya era demasiado tarde, una figura se asomaba a la puerta sonriendo, tan maliciosamente como siempre. Era Lilly. Lady Claudia se preguntaba cómo es que había sobrevivido, la niña se limitada a sonreír. Uno de sus brazos escondía algo detrás de su espalda. Lady Claudia la miraba con horror y curiosidad; ¿qué era lo que ocultaba?
¡La cabeza de su hermano!, que había cercenado y mutilado, ahora sus ojos eran unas cuencas vacías y su boca abierta no era más que un agujero sin dientes ni lengua, sólo una masa de carne y sangre coagulada y mal oliente. Lady Claudia gritó e intentó huir, pero Lilly fue más rápida, lanzándole la cabeza de su hermano para hacerla tropezar y caer. Rió como una psicótica tomando a su madrastra por los cabellos para obligarla a ver la orgía de sangre que practicaban los siete hombres afuera. Cómo destrozaban los cuerpos de sus víctimas y mascaban la carne cruda que arrancaban con sus dientes… se escuchaba cómo crujía la carne entre sus mandíbulas.
Un leve llanto captó la atención de Lilly y llenó de pánico a Lady Claudia. Soltó a su presa azotándola contra la pared para dirigirse a la cama y destapar el pequeño bulto que tanto atesoraba. Con una sonrisa retorcida, lo recogió, y caminó al espejo extendiendo los brazos y mirándolo con recelo…
—Espejo, espejo sobre la pared. Veo que te has divertido en mi ausencia —dijo con reproche hacia su reflejo, pero poco duró su trance ya que un dolor agudo y punzante atravesó su espalda. Lady Claudia la había apuñalado justo en el centro del corazón, pero Lilly sonrió y giró su cuerpo, mirando fijamente a la mujer, burlándose del acto desesperado por deshacerse de ella.
El reflejo de Lilly ardió en llamas azules y empezó a cambiar frente a una atónita Lady Claudia. La forma que tomó fue la de un demonio de piel pálida, como la blanca nieve, de ojos negros, profundos, como la noche, una sonrisa retorcida y tan roja como la sangre fresca…

Tiempo después se celebraba en el castillo la boda de Lilly y un noble de tierras vecinas. El padre de Lilly se había desvanecido, así como Lady Claudia, y todo empezaba a prosperar de nuevo en el castillo. Lilly esperaba la llegada de su primer hijo y se le veía caminar feliz por los pasillos con algo entre sus manos, hasta que se detuvo en la que alguna vez fue la recámara de su madre, sellada años atrás.
Quitó el seguro de las puertas y caminó hacia el espejo, diciendo:
—Espejo, espejo sobre la pared, no te podrás quejar, ya tienes compañía, y pronto tendrás un heredero más que te alimentará.
Dijo esto mirando directamente hacia el espejo, mostrando al demonio sonriendo complacido y, al fondo del reflejo, a los siete hombres torturando a Lady Claudia y a Lord Frederick.
Lilly arrojó lo que tenía entre las manos hacia un rincón de la habitación y una pequeña criatura salió de entre las sombras para devorar el cuerpo de un ratón, ante la sonrisa malévola de la futura madre…

Slenderman

Slenderman es una criatura mítica a menudo descrita como un ser extremadamente alto y delgado sin facciones claras, vistiendo un traje negro y capaz de estirar o encoger sus brazos y torso a voluntad. Con apéndices semejantes a tentáculos brotando de su espalda, sus victimas caen en un estado hipnótico al verlo, durante el cual son incapaces de detenerse, incapaces de evitar acercársele.
La historia de Slenderman tiene registros, momentos y connotaciones que hacen pensar en que es algo más siniestro y real. No hay información específica sobre dónde se creó, pero su objetivo y hábitat son claros. Prefiere secuestrar niños, y es visto comúnmente antes de la desaparición de uno o múltiples infantes. Los niños pueden verlo mientras que ningún adulto cercano puede, y reportan tener pesadillas o sueños que involucran a Slenderman antes de desaparecer. Muchas de estas historias son tomadas siempre como imaginaciones muy activas, pero las desapariciones son reales.
En adultos, se denota que el contacto prolongado con Slenderman genera un violento y constante carraspeo, además de pérdidas de memoria. Este deterioro mental de las victimas se manifiesta a través de dibujos inconexos de figuras altas, árboles y el «Símbolo del Operador».
Aunque a Slenderman se le conoce como una fabricación, hay registros de verdaderos encuentros. Aparece en la oscuridad, y siempre asomándose por áreas boscosas y ríos cercanos. Se ha reportado que gusta de asomarse a ventanas abiertas, y que tiende a caminar frente a motoristas solitarios en caminos desolados. Slenderman ha (o han) aparecido en todos lados, desde Japón, Noruega y América; por nombrar algunos.
Slenderman 2
—1983. Fotógrafo desconocido, se presume muerto. «No quisimos ir, no quisimos matarlos, pero su persistente silencio y brazos alargados nos horrorizaban y nos reconfortaban al mismo tiempo…».
Slenderman 3
—1986. Fotógrafa: Mary Thomas. Desaparecida desde el 13 de junio de 1986. Una de las dos fotografías recuperadas del incendio de la biblioteca de Stirling City, notable por ser tomada el mismo día en que catorce niños desaparecieron misteriosamente. La distorsión fue atribuida a una cinta defectuosa. El incendio en la biblioteca ocurrió una semana después. La fotografía real está confiscada como evidencia.

Asesino de Chatrroulette

El día de ayer estaba muy tranquilo en mi casa jugando Slender, ya que soy muy fanático de ese juego, cuando recibo un mensaje en el Facebook de un amigo mío llamado Carlos, e iniciamos la conversación:
Carlos: che loco todo bien?
Yo: Sisi bien y vos?
Carlos: bien bien te queria preguntar algo
Yo: Bueno, preguntame
Carlos: vos crees en el asesino de chatroulette?
Yo: Que es Chatroulette?
Carlos: es una pagina donde podes chatear con personas a traves de una webcam
Yo: Ahhh bueno, pasame la pagina que voy a ver que es eso del asesino de Chatroulette
Carlos: http://www.chatroulette.com
Yo: Listo, ahora entro e investigo. Pero contame mas sobre esa historia
Carlos: el chico se sabe todos los idiomas conocidos para poder chatear tranquilamente con la victima. entra en chatroulette los miercoles a la noche y cuando encuentra a alguien para chatear empieza a asustarlo y se dice que en un momento la victima enloquece y muere. para que aparezca tenes que haber pasado las 3 conversaciones de 10 minutos para que tu webcam pueda verse, tener las luces apagadas y poner en la descripcion de tu perfil “search-user**born021044**start-chat”
Yo: Jajajajajaja eso es puro cuento
Carlos: te pregunto porque estoy en chatroulette y esto me acaba de contar una chica que sobrevivio a ese loco, estaba llorando
Yo: Y porque se te ocurre venir a preguntarmelo a mi?
Carlos: porque a vos te gusta investigar esas cosas paranormales
Yo: Mmm… Esta bien, ahora investigo.
Carlos: dale
Después de investigar algo no encontré nada relacionado con algún asesino en Chatroulette, ni tampoco habían datos sobre esa famosa descripción que me dio Carlos; pero entré en Chatroulette.com y me registré. Como me dijo Carlos antes, tenía que pasar una conservación de diez minutos con tres personas diferentes. La primera persona era de Reino Unido, y con mi poco dominio del inglés me costó hablarle, pero pude mantener una conversación estable. Me atreví a preguntarle si conocía la leyenda del asesino de Chatroulette, y me dijo que «eso era una leyenda vieja de ese sitio, que la contaban para asustar a las personas y para evitar mostrarnos ante público desconocido». Empecé a pensar que el hecho de crear una leyenda urbana en esa página para evitar mostrarnos en público ante extraños me pareció raro, pero a la vez efectivo, porque muchos niños son de entrar a estas páginas sin saber con qué puedan cruzarse. Me di cuenta de que habían pasado diez minutos y seguí charlando con él porque me había copado, hasta que le pregunté qué significaba «search-user**born021044**start-chat». Se desconectó…
Pasé a la segunda conversación, que fue con un italiano que por suerte hablaba algo de español. Le pregunté si conocía la leyenda urbana del asesino de Chatroulette, y éste no lo conocía, así que con gusto se la conté. Se asustó y dijo que era una muy buena historia, y entonces mantuve conversación con él por diez minutos. Me faltaba una sola conversación con alguien, y me tocó con una mujer de Arabia. Le pregunté si conocía la leyenda del asesino de Chatroulette, y me dijo que sí, y que era verdad. Yo le pregunté que cómo fue que llegó a esa conclusión, y me respondió lo siguiente: «Porque ……………………..». Quedé con tremenda cara de WTF, y le volví a preguntar. Todas las veces que le pregunté me dijo eso, como si todas las veces que lo decía, la palabra se censuraba. Vi que pasaron diez minutos y pude activar mi webcam. Agregué en la descripción de mi perfil «search-user**born021044**start-chat» y fui a apagar las luces. Estuve así durante más o menos una hora, y no pasaba absolutamente nada. Aproveché que Carlos estaba conectado en el Facebook para decirle que era pura mentira, que estuve una hora así y no paso nada. Me respondió esto:
Carlos: bueno ya que terminaste de hacer eso tenes que buscar en chatroulette alguna persona con las luces apagadas, escribir en un papel “born021044″ y quemarlo frente a esa persona. eso hace enojar al asesino
Yo ya estaba medio cansado, pero decidí hacer eso último que me dijo. Busqué a alguien con las luces apagadas, fui por un papelito, escribí «born021044» y lo quemé frente a esa persona. No notaba nada, hasta que de pronto escuché un golpe en la habitación de la persona con la cual chateaba. Me dijo que iba a fijarse para ver qué era, y cuando se fue a fijar, escuché un gran grito de susto y horror que me dejó los pelos parados. Por un minuto se escuchó puro silencio, hasta que noté que estaba escribiendo, y quien escribió no fue ella. Miren:
Partner: born021044**chat-started
Partner: Hola
Ahí mismo, yo me dije «Esto no es real… esto no es real…», y con todo el miedo de mundo, me atreví a responder:
Yo: Hola
Partner: ¿Quien sos?
Yo: ¿Por que preguntas?
Partner: Quiero saber quien sos, decime dale.
Yo: Tengo miedo
Partner: Decime o te mato
Yo: Que?
Partner: Apurate, o me decis, o te mato, elegi vos
Yo: Bueno para, espera un poco…
Partner: Dale que se me acaba la paciencia. Nombre y apellido, decimelo ya.
Ese momento fue muy horrible, y decidí intentar decirle un nombre y un apellido falso, para ver qué ocurría. Mientras estaba escribiéndole, estaba llamando a mi amigo Carlos para que viniese a mi casa, pues tenía al asesino hablando conmigo.
Yo: Damian Macedo
Partner: Dale pibe, decime tu nombre y apellido verdadero ya o te arranco las tripas.
Decidi salirme del Chatroulette, pero no me dejaba.
Partner: Pendejo de mierda apurate, y no intentes apagar la computadora porque sino tu amigo Carlos muere.
En ese momento se me caían lágrimas de los ojos, y decidí decirle mi nombre y apellido:
Yo: Juan Martin Herrera
Partner: Ahora decime tu edad
Estaba a punto de marcarle a la policía, cuando me mandó:
Partner: Baja ese celular y decime tu edad, pelotudo de mierda.
Yo: 14!!! Contento?!?! Tenes de victima a alguien de 14!!!!
Partner: Jajajajaja que genial, ahora vas a cobrar.
Yo: Que queres de mi, hijo de puta?
Partner: Volveme a faltar el respeto y te arranco el cerebro.
Yo: Pero porque sos tan sadico conmigo?
Partner: Jajaja no entendes una mierda pichón
Partner: Vos me convocaste, ahora bancatela
Partner: Se donde vivis, se a que escuela vas, se donde vive tu novia, se que Carlos esta viniendo a tu casa, se donde vive cada uno de tus mugrosos padres, se todo de vos
Partner: Ahora te voy a hacer un par de preguntas y me vas a responder con la verdad, si no entro a tu casa y te abro la panza.
Ya no sabía sobre qué más llorar, hasta me dolía la cabeza de pensar en todo este asunto. No podía llamar a nadie, no tuve que haber llamado a Carlos para que viniera, no podía ni siquiera en pensar algo que me pudiera salvar.
Partner: Ya te la garchastes?
Yo: Que?
Partner: Dale no te hagas el boludo y decime, te garchaste a tu novia?
Yo: Es una joda muy pesada esto?
Partner: Respondeme o la mato
Yo: Si…
Partner: Y esta embarazada?
Yo: Pero loco, porque justo tenes que joderme a mi? Yo no te hice nada malo
Partner: Vos me convocaste, ahora bancatela. Dale responde, esta embarazada tu novia?
Yo: Si
Partner: Y es tuyo el bebe?
Yo: LOCO PARAAAA!!!! DEJA DE JODERME LA VIDAAA!!!!! PORQUE TENGO QUE BANCARME ESTAS JODAS?!?!
Partner: Asi que vos pensas todavia que esto es una joda
Partner: ¿Queres que te mande una foto de tu novia? La acabo de sacar recien. ¿La queres ver?
Yo: Voy a llamar a la policia
Partner: Llama a la policia y yo mato a Carlos, elegi
Yo: Esta bien
Me estaba volviendo loco, no sabía de qué forma librarme de esta «persona», era un infierno. Justo en un momento, Carlos llegó sano y salvo, y yo llorando le conté todo esto. Él me preguntó si era verdad, y le dije que lo viera por sí mismo. Quedó callado. Estaba a punto de decirle que llamáramos a la policía, hasta que de la webcam se escuchó:
—Che pendejos de mierda, ni se les ocurra llamar a nadie porque los mato, ¿me escucharon?
El asesino estaba ahí, con una máscara de Anonymous, toda ensangrentada. Yo fui y por el micrófono le dije:
—Mostranos tu cara.
—Ni en pedo se las muestro. ¿Al final te enseño las fotos de tu novia? Está acá conmigo.
En ese momento se me vino a la cabeza la idea que él o ella mató a mi novia.
—¡HIJO DE LA GRAN PUTA! DEJÁ A MI NOVIA EN PAZ, ¡¡¡LA PUTA MADREEEEEE!!!
—¿Entonces las fotos no te las muestro? Está bien, mejor te la muestro acá por webcam.
Tras decir eso, vi que fue a agarrar algo que estaba en el piso. Cuando volvió a la webcam, me dijo «Mirá esto», y ahí mostró una cabeza. Una cabeza decapitada. Pero no cualquier cabeza, era de una persona que yo conozco, de una chica que yo conozco. De una chica con la cual pase dos años feliz. Era… la cabeza de mi novia.
Carlos y yo estábamos viendo la pantalla de la webcam y a mí se me estaban cayendo las lágrimas. En ese momento, el asesino me dijo:
—Che, ahora que te mostré a tu novia, volvamos a las preguntas.
Partner: ¿Tus papas viven separados?
Yo todavía estaba callado, inmóvil, con lágrimas cayéndome, y Carlos intentando que reaccionara. Cuando lo hice, vi el mensaje que me había dejado, y le respondí:
Yo: Esuchame una cosa hijo de la gran puta, no se quien sos, no se como es que sabes tanto de mi, pero te juro que si llego a averiguar quien sos, te voy a matar.
Partner: Y mas vale que me escuches lo que te voy a decir, yo naci el 2 de noviembre de 1844, y me mato una persona que sabia datos sobre mi y decidio ponerlos en mi contra, matando a casi todos mis familiares y proximamente a mi. Yo descansaba en paz hasta que alguien me contacto desde el juego de la ouija y me dijo si queria vengarme, y yo accedi. Desde ese dia soy el que maneja la cuenta “born021044″ de Chatroulette, y para mantener contacto conmigo, deben hacer lo que vos hicistes. Ahora, te vuelvo a preguntar, ¿tus papas viven separados? Y mas vale que me respondas o mato a Carlos.
Yo: Si, estan separados y mi mama esta con otro hombre.
Partner: ¿Y porque se separaron?
No había escapatoria, era luchar contra un demonio, no sabía qué hacer. Recordando todo lo que Carlos me dijo, le respondí:
Yo: Hay alguien mas que mantuvo contacto con vos, me lo dijo Carlos
Partner: ¿Quien?
Yo: Una chica
Cuando le dije eso, se sacó la mascara. Carlos se quedó mirando, y me dijo «Es ella… ella me contó lo del asesino de Chatroulette».
Partner: Ambos hablaron conmigo antes de que me convocaran. Carlos hablo conmigo cara a cara, y yo hable con vos tambien. ¿Recordas esa persona de Arabia con la cual hablastes?
Partner: De nuevo, ¿por que se separaron tus padres?
Yo: No te voy a decir una mierda
Partner: Esta bien, igual quiero que los saludes
Esas palabras fueron suficientes para que enloqueciera por completo. La chica mostró a la cámara la cabeza de mi madre seguida de la de mi padre, y empezó a reírse de una manera diabólica.
Partner: Ahora si no me respondes esta pregunta, muere tu amigo.
Carlos estaba tan asustado que entró en pánico y me amenazó con matarme si no respondía lo que la asesina me pedía. Yo ya estaba al borde de la locura e indefenso, tuve que responderle todo lo que me preguntó:
Partner: ¿Tuviste una hermanita?
Yo tenía una hermana cinco años menos que yo, llamada Sasha, y éramos los más unidos.
Yo: Si
Partner: ¿Donde esta?
Hace dos años, ella fue con mi padre al parque. Mi padre la dejó sola un momento porque tenía que retirar plata del banco, y le dijo que no se moviera de donde estaba. Cuando mi padre volvió, ella había desaparecido. Nos pusimos a buscarla todo el día, hasta que la encontramos… muerta.
Yo: Enterrada
Partner: ¿La extrañas?
Ese mismo día, mi madre terminó con mi padre por no ser lo suficientemente responsable para cuidar a mi hermana, y desde ese día no lo vi. Yo me quede solo con mi mamá, y cada vez que alguien nombra «La concha de tu hermana», «Tu hermana está re buena», me largo a llorar. Nunca había extrañado tanto a alguien.
Yo: Muchisimo, pero por lo que mas te pido, no te metas con ella…
Partner: Jajajajaja tranquilo, esa fue la ultima pregunta. Pero igual, hay alguien que no viste aun.
Cuando terminó de escribir eso, me mostró por webcam otra cabeza más. La cabeza de mi hermana Sasha… eso fue más que suficiente para llegar a la locura extrema, para pasarme de la raya, para querer mandar a todos a la mierda. Terminó de mostrarme, y tiré el monitor contra la pared. Carlos reaccionó e intentó calmarme, pero no lo logró. Entre tantos esfuerzos por intentar calmarme, lo tiré contra el piso y lo ahorqué con todas mis fuerzas. Después empecé a romper todo y a tirar todo. Estaba por ir a la cocina cuando me encontré con ella, con la chica, la asesina de Chatroulette, riéndose macabramente. Me abalancé contra ella y empecé a golpearla fuertemente. Ella siguió riendo, entonces agarré un cuchillo y se lo clavé. Ella seguía riéndose todavía, y me agarró del cuello, me levantó y me dijo:
—El dolor y la locura te hacen un asesino…
Hoy, en este momento, estoy en Chatroulette, bajo el seudónimo «born050799».
Ya que el asesino de Chatroulette ahora soy yo…
Si reciben «born050799**chat-started» en Chatroulette, NO CONTESTEN…

Por favor, Abre la puerta. Creepypasta

Han pasado tres años desde aquella noche.
Yo no debí haber estado ahí, ellos lo sabían. Ese día salí muy temprano a la casa de un amigo, sus padres no estarían y tenía un nuevo videojuego de terror; pasaríamos toda la noche jugando.
Ellos lo sabían, yo no debí haber estado ahí esa noche, mi amigo debió estar solo. Ellos lo habían observado por días como hacen siempre y sabían que esa noche estaría solo. Desde el momento en que lo eligieron, no había marcha atrás.
Pero tal vez quieras saber quiénes son ellos. Bueno, la verdad… aún no estoy seguro, sigo sin asimilar lo que pasó aquella noche; pero te contaré lo que hasta ahora sé, para que tengas cuidado.
Ellos se encuentran en todas partes, en ningún lugar estás exento de ser su víctima. Eligen a una persona, no sé bien cómo o en qué características se basan, pero una vez que te eligen no cambiarán de opinión: te vigilan, te estudian y estudian a todas las personas que conoces. Día tras día te observan cuidadosamente sin que tú te percates de su presencia.
Y esperan la noche en que su víctima esté sola, es en ese momento cuando todo empieza.
Aquel día llegué alrededor de las 8:00 p.m. a su casa. Sus padres habían salido desde temprano y él había preparado todo lo necesario para pasar jugando toda la noche. Al día siguiente no habría clases, así que yo regresaría a mi casa por la mañana. Pasamos un buen rato jugando, el tiempo pasó tan pronto que cuando nos dimos cuenta ya era la una de la madrugada. Nos habíamos llevado algunos sustos con el juego, así que comenzamos a hacer bromas con la situación; ahí fue cuando todo se puso raro. Empezamos a escuchar ruidos extraños afuera de la habitación, que al principio pensábamos que no era nada importante, e hicimos algunos chistes en relación a lo que jugábamos. «Deben ser los zombis», nosotros sólo reíamos. Pero nos comenzamos a poner tensos cuando el sonido se oía más claro: eran pisadas, se escuchaban pisadas por todo el pasillo de afuera.
—¿Crees que tus padres hayan regresado? —le pregunté, a lo que él respondió que sus padres regresarían hasta el día siguiente, por la tarde. Además, el número de pasos que se escuchaban eran demasiados como para ser sólo sus padres.
De pronto, luego de oír todos esos pasos acercándose cada vez más a la puerta, hubo un profundo silencio.
—¿Hay alguien afuera?… ¿Quién está ahí? —comenzamos a preguntar, nerviosos. Estábamos seguros de que había alguien afuera, pero esos sonidos… ¿quién podría ser? En la habitación en la que estábamos había una computadora que mi amigo había encendido desde que comenzamos a jugar, era una costumbre suya. Se escuchó un sonido que provenía de ella, un sonido familiar, pero que por el miedo que teníamos en ese momento nos provocó una reacción de sobresalto a ambos. Era sólo un correo electrónico que le había llegado, pues también había dejado la ventana de su correo abierta. Ver esto nos dio algo de sosiego, y hasta reímos un poco; sin embargo, la tensión volvió a nosotros al notar que la dirección de quien lo enviaba era irreconocible, una combinación aleatoria de números y letras. Dudamos abrirlo, pero mi amigo decidió hacerlo. Quedamos completamente paralizados tras leer lo que decía el correo:
«Pase lo que pase, no abras la puerta».
Con tan sólo leer esas palabras, una sensación completamente rara invadió mi corazón. En ese momento realmente sentía pánico, pero el mensaje decía más.
«Ellos están afuera. Por favor, hagas lo que hagas, escuches lo que escuches, no abras la puerta. Intentarán convencerte de que lo hagas, tienen muchos métodos; pueden fingir ser alguien que conoces, un familiar, un amigo, y sus voces sonarán igual. Tal vez te pidan ayuda, te dirán que están lastimados, te suplicarán que abras la puerta. Pero escuches lo que escuches esta noche, no abras. Trata de ignorarlos, trata de dormir, mañana todo estará bien. Ellos jugarán con tu mente; no lo permitas. Por favor, créeme, ¡no abras la puerta!».
Cuando terminamos de leer yo no sabía qué pensar. Tal vez era una broma tonta de alguien, tal vez incluso era mi amigo quien me jugaba una broma… pero él tenia esa expresión, estaba tan asustado como yo, lo pude sentir. Ahora sabíamos que había alguien ahí afuera, tras la puerta. De pronto, llegó el momento más aterrador que nos pudimos esperar; en ese instante un escalofrió recorrió todo mi cuerpo y me dejó paralizado. Una voz se escuchó, provenía de atrás de la puerta. Mi amigo estaba seguro y yo lo puedo corroborar: la voz era la de su madre.
—Hijo por favor ábreme, tu padre y yo tuvimos un accidente en el auto, estamos muy lastimados… por favor, abre, ayúdanos. —Al escuchar esto mi amigo sólo retrocedió un paso. Aún puedo recordar esa expresión en su rostro, estaba en shock. Estoy seguro de que ninguno de los dos lo creíamos ni sabíamos qué hacer.
—Hijo por favor, abre, ¿qué esperas? Necesitamos tu ayuda… —Sin lugar a dudas, ésa era la voz de su padre. Eran las voces moribundas de sus padres tras la puerta, clamando por ayuda. Mi amigo y yo permanecimos sin reacción por algunos segundos, después él se volteó lentamente, y me dijo:
—Esos realmente son mis padres. Necesitan ayuda, abriré la puerta.
Se propuso dirigirse hacia la puerta, pero lo detuve.
—Recuerda el correo, lo que nos dijo que pasaría, ¿no se te hace extraño?, ¿qué tal si es verdad y ellos no son tus padres? —Él lo único que hizo fue hacer que lo soltara. «No digas tonterías», me dijo. «Tú los escuchaste, ésas eran las voces de mis padres. El correo debe de ser una estúpida coincidencia». Se dirigió a la puerta sin que pudiera hacer nada.
La verdad, no sé qué me hizo hacerlo, pudo ser el miedo que me invadía… pero al verlo dirigirse a la puerta, lo único que pensé fue correr hacia el armario en donde mi amigo guardaba algunas de sus cosas y esconderme ahí. No sabía lo que pasaría, pero en verdad tenía miedo.
Lo que escuché a continuación aún no lo olvido, y hasta el día de hoy tengo pesadillas con ello. Él abrió la puerta, y después sólo pude escuchar sus gritos. Eran unos gritos desgarrantes, llenos de dolor y terror; yo no pude hacer nada más que permanecer inmóvil, hasta que después de unas horas me quedé dormido.
Al despertar por la mañana, me extrañó ver el lugar en que me encontraba, y luego lo recordé todo. Salí del armario y en la habitación no había nadie. Noté de inmediato que ya era de día y que la puerta estaba abierta, así que decidí salir. Busqué por toda la casa esperando encontrarlo y que me dijera que todo había sido una broma, pero mi amigo no estaba. En la tarde llegaron sus padres y les conté lo sucedido, llamaron a la policía y lo buscaron por días, pero él nunca apareció. El correo que le había llegado esa noche también desapareció, y para ser honesto creo que nadie creyó nada de lo que les había contado.
Aunque… no importa que nadie me creyera, yo sé lo que pasó esa noche y sé que ellos estaban ahí afuera. También sé que no debí haber estado ahí, que no debería saber que ellos existen.
Aún no sé por qué lo hacen, creo que sólo tratan de divertirse con las personas, con su pánico… alguna especie de juego. Cada día lo analizo y trato de aprender más de ellos; sé que sólo llegan en la noche y que pueden imitar cualquier voz, que si no abres la puerta se irán y también creo que siempre recibirás ese extraño mensaje de advertencia, debe ser parte de su macabro juego.
No debí estar ahí ese día, y no debería saber que ellos existen. Sé que algún día regresaran por mí, pero pase lo que pase, no abriré la puerta.