miércoles, 25 de febrero de 2015

Risas

Despiertas sobresaltado, jadeando en busca de aire, mientras te recuperas de una pesadilla. Es la misma pesadilla que se ha venido repitiendo desde hace semanas. Cada noche, sin poder hacer nada más que ver la misma maldita escena desplegarse ante tus ojos.
Hay niños corriendo en un parque infantil, y a lo lejos, una niña comienza a subir al pasamanos. De repente, esa sensación nauseabunda que algo va a suceder invade tu cuerpo. Intentas gritar a la niña para advertirle, pero lo único que se escapa de su garganta es el aire. Te das cuenta de que es demasiado tarde. Cierras tus ojos mientras la chica cae, causándose una grieta repugnante en toda la cabeza. Te ves impotente a su cuerpo sin vida, junto con el resto de los niños que reían a sólo unos minutos atrás.
Ahí es cuando te despiertas en un sudor frío, dándote cuenta de que era la misma pesadilla. No te has acostumbrado a ella y probablemente nunca lo harás.
Aún en tu estupor somnoliento, miras hacia los números digitales de color verde brillante junto a ti. Ahora es la 1:30 de la mañana, igual que la última vez. En este punto, has perdido toda esperanza de volver a dormir, y bajas a la cocina para conseguir un vaso de agua. Recuerdas que debes trabajar por la mañana, ya que hace una semana, comenzaste a ayudar a demoler una vieja escuela que no se ha utilizado desde los años 60. Raramente, es cuando la pesadilla comenzó.
“Genial”, te dices entre sorbo y sorbo, “¿Cómo voy a funcionar con sólo cuatro horas de sueño?”
Más tarde esa mañana, llegas a la escuela. Los desgastes se notan en todo el edificio, tales como tuberías oxidadas, plantas que crecen las paredes, pintura astillada, y la fina hoja de polvo que cubre toda la superficie de la zona.
“¿Qué demonios le pasó a este lugar?” Dices cuando entras por las puertas delanteras.
“¿Cuanto trabajo no?”, dice Mike parado en lo alto de una escalera de mano. Él parece estar derribando parte del techo. Los ecos de taladros y pistolas de clavos suenan en todo el edificio, con el zumbido ocasional de una sierra eléctrica.
“Así que, uh, ¿qué es lo que tengo que hacer hoy?” – Le preguntas.
“Bueno”, dice Mike, “hoy tenemos mucho trabajo, puedes empezar por quitar las tablas del piso en el gimnasio. Después de eso, vamos a necesitar tu ayuda en el desmantelamiento de las pizarras en las aulas “.
Asientes, y con eso, te entrega un martillo y una palanca. Al entrar en el gimnasio, el sonido de la puerta que se abre y cierra de golpe retumba en las paredes. Es silencioso. Desde aquí, todos los ruidos de las herramientas eléctricas no se escuchan. Es una escuela grande y te encuentras en un lugar bastante lejos de la construcción. Decides comenzar en un rincón. Tomas tus herramientas y empiezas la difícil tarea de rasgar y hacer palanca en cada tabla.
A medida que avanzas, notas algo extraño. Sientes como si fueras observado, como si la mirada de alguien te estuviera perforando la piel. En un intento por evadir la incómoda sensación, gritas:
“Sí, Mike?”
No hay respuesta. Por supuesto, sabes que no habrá una respuesta, pero tenías la esperanza de que hubiera una razón para tu miedo. Rápidamente tratas de olvidarlo y continúas tu labor.
Desde que empezaste a trabajar ahí, no ha pasado ningún evento extraño o fuera de lugar. Llegas a la conclusión de que sólo es el silencio  el que te hace sentir incómodo, por lo que sacas tu celular y pones algo de música. Pero entonces, vuelves a sentir que alguien te está mirando. Incluso tu música no ayudarte bien. Un extraño sonido comienza a mezclarse con la voz del cantante.
Te apresuras y quitas un auricular de tu oído para ver si alguien esta tratando de llamarte o algo así. Te das cuenta que el ruido de fondo era una risa, y definitivamente no venía de los auriculares.
“¿Hola?” Dices a medida que guardas los auriculares en el bolsillo del pantalón, “¿Quién está ahí?”
La risa se ​​desvanece rápidamente, como si un grupo de niños corriera riéndose detrás del edificio.
“Hay chicos aquí?” Te preguntas a ti mismo. Terminas de quitar una tabla de madera que estaba a punto de romperse y la colocas en el suelo.
“¿Hola? Mike? “Llamas una vez más. Al salir del gimnasio, te encuentras cerca de lo que parece ser una cafetería. Esto definitivamente no estaba cuando Mike te llevó al gimnasio, pero sigues tu camino. En primer lugar, entras a la cafetería para ver si los niños se esconden allí, pero lo único que hay es un largo pasillo con mesas tiradas alrededor. Una vez más, escuchas la risa que viene desde el fondo.
Comienzas a caminar hacia la risa, pero a medida que te acercas, ésta se desvanece. Al doblar la esquina, te das cuenta de que has llegado a un punto muerto, con una puerta al final. La puerta es de color azul, combinando con algunos azulejos del piso. Te acercas a ella y mueves la perilla, sólo para descubrir que ésta cerrada.
“¿Qué demonios? ¿A dónde van? “Te preguntas mientras tratas de mirar algo por el espacio entre la puerta y la pared. Una mano toca tu hombro, haciéndote saltar. Te das la vuelta y ves a Mike con una mirada interrogante en su rostro.
“Puta madre, hombre, me has asustado.” Le dices.
“Sí, pude notarlo”, dice Mike, “¿Qué estás haciendo aquí? ¿Terminaste el gimnasio? Porque también necesitamos…”
“No, no he terminado.” Dices interrumpiéndolo. “Hey, uh, ¿alguien trajo a sus hijos aquí, o algo así? ”
“No que yo sepa, pero debes terminar ese suelo pronto, necesitamos un poco de ayuda con el material eléctrico.”
Asientes y te diriges al gimnasio, mientras desenredas tus auriculares. Solo dos minutos después de haber empezado a trabajar, escuchas esos malditos niños de nuevo. Esta vez, parece como si se estuvieran burlando de ti. Piensas que se volverán a escapar y la risa se detendrá, a si que decides continuar con lo que estabas haciendo y lo ignoras. Pero no se va, incluso, podrías asegurar que se hace más fuerte y más irritante.
“¡¿Qué?!” Gritas a los niños, pero siguen riendo. Esta vez, arrojas tu martillo a la pared, porque a estas alturas, no tienes ganas de jugar. Corres hacia el ruido, con la esperanza de atraparlos. Con cada paso que tomas, los armarios que cubren el pasillo se estremecen y se sacuden. Tus pasos resuenan por las escaleras. Ya no te importa tu trabajo en el gimnasio, ni la construcción, ni nada. Solo encontrarlos y deshacerte de ellos.
A medida que corres, te das cuenta que la escuela se ve más limpia y alegre. La pintura no está astillada, ni la cerca oxidada…
“Pensé que lo estaban destruyendo, no que le harían una renovación.” Te dices. Sigues corriendo, hasta llegar comedor. Sentiste que habías corrido en círculo, pero esa teoría se fue en cuanto llegaste a la cafetería. Te das cuenta que en el comedor, las mesas están instaladas, y los pisos limpios. Las papeleras y mesas parecen estar cubiertos con migas y la leche derramada en algunos sitios. Esto no tiene sentido, si hace dos minutos las mesas estaban rotas, y todo parecía estar cubierto de polvo. Te detienes y mirar a todo, confundido completamente, hasta que la risa te sacó de sus pensamientos, una vez mas.
Una vez que vuelves a correr, la risa se ​​detiene. No, no como la broma de hace rato, todo el mundo al mismo tiempo se frena. Junto con las risas, tus pasos paran, como si trataras de encajar en el entorno.
De pronto, una pequeña risita se escucho en el baño. Sonríes, pensando:
“Oh, ahora los tengo”, mientras caminas hacia el baño. A diferencia del resto de la zona, el baño era un completo desastre. Las bisagras de las puertas de los establos y los grifos están terriblemente oxidadas, y baldosas completamente rotas. Pateas fuertemente la única puerta, tirándola, con la esperanza de hacer frente a uno de esos pequeños bastardos, pero no hay nadie allí.
“¿Qué diablos?” Dices en voz alta. Jurarías que escuchaste una risa proveniente de esta área exacta, ¿cómo no puede haber niños? Te das vuelta hacia el grifo, y giras el pomo. Crees que si se salpicas tu cara un par de veces, te recuperarás. Por supuesto, no sale agua. De repente, ves algo en la esquina del espejo que te hace atragantarte con tu propio aliento.
Sentada en la esquina de la habitación, junto a la puerta, se encuentra una pequeña niña. Sus ojos, miran a los tuyos. Excepto, que ella realmente no tiene ojos, solo mármoles blancos que parecen demasiado grandes para su cráneo. Y no son sólo sus ojos, todo en ella no es normal. Su piel se le pega al hueso, haciendo que sus articulaciones se vean. Su pelo esta enmarañado y lleva un vestido blanco roto, manchado con suciedad y sangre. Y entonces comprendes todo instantáneamente, como si una pared de ladrillos cayera sobre ti.
Lo que parecen ser los restos de un cadáver en descomposición, es en realidad la chica que aparece en tus pesadillas. Sus labios se curvan lentamente revelando un terrible conjunto de dientes afilados. Gritas y sales corriendo del baño. A la salida, te das cuenta de que el edificio volvió a tener su aspecto normal, sucio y descuidado. Al doblar a la esquina, te encuentras con Mike.
“¿Qué demonios estás haciendo?” Dice claramente frustrado, “Esta es la segunda vez que abandonas tu puesto de trabajo.”
“¿¡Qué carajo está pasando aquí!?” Gritas, exigiendo una respuesta. Mike te lanza una mirada amenazadora, y te dice:
“¿De qué estás hablando? Nada está pasando aquí. Escucha, si te sientes un poco enfermo puedes ir a casa. ”
“No, estoy bien.” Respondes, “Te prometo que voy a terminar esta vez. Ahora, ¿dónde está el camino de regreso al gimnasio? ”
“Sube las escaleras y en el pasillo a la izquierda, verás las puertas dobles para llegar. Te acompaño”
Mientras los dos van a ver tu trabajo, una duda emerge de tu cabeza.
“Hey,” Le preguntas a Mike, “¿Por qué este lugar quedo cerrado? Parece como si todo el mundo se hubiera ido un dia y jamás regresó. ”
“Bueno,” Inicia Mike mientras el sonido de sus pasos resuenan en todo el hueco de la escalera, “Una chica joven, estudiante, murió aquí. Al parecer, era demasiada tristeza para los niños a educar y siempre andaban deprimidos. Por lo tanto, con la esperanza de borrar el incidente de su mente, se los trasladó a una escuela diferente. ”
Un escalofrío recorre tu cuerpo, desde los pies a la cabeza.
“Exactamente cómo murió?”
Mike no respondió hasta cruzar la puerta doble del gimnasio.
“Ella cayó desde un pasamanos y se rompió el cuello.”
Tragas saliva, mientras Mike sale de la habitación.
“Apresúrate, que ya es tiempo que hubieras terminado” Dijo antes de azotar la puerta
Sabes que deber darte prisa, para ir a tu casa y no regresar a ese lugar jamás. Enciendes tu música de nuevo, y continúas el trabajo, casi esperando oír una risa, pero no pasó nada. Incluso cuando se terminaste, no pasó nada.
En tu regreso a casa, empiezas a cuestionarte y te convences de que todo estaba en su cabeza, y que la pesadilla había causado que te volvieras loco. Al pensar en la pesadilla y recordar lo que Mike dijo, el estómago comienza a dolerte. Tuviste esta sensación hasta que finalmente decides irte a la cama, sabiendo lo que iba a venir después. No quería pensar en los juegos infantiles, o la niña, no específicamente después de lo de hoy. Pero la imagen de su rostro, su rostro horrible, está pegada a ti.
No debería haber ninguna razón para que seas paranoico ahora. Se acabó. Estás aquí, y ella es todo lo que queda de allí.
“Demonios, probablemente ni siquiera existe.” Te dices a ti mismo, ya que poco a poco pierdes la conciencia.
Cierras tus ojos, esperando la visión horrible, una risa pequeña se escucha atrás de la puerta de su dormitorio.

sábado, 14 de febrero de 2015

La verdad de cuando te caes

¿Nunca has tenido la sensación de no poder levantarte cuando te caes? ¿O de como si alguien te agarrase? Te voy a decir la verdad de lo que pasa cuando te caes:
Como bien sabéis el Infierno está bajo el suelo, pero no es un cuento chino; existe.
El Infierno es un mundo donde vives toda clase de tormentos, y no siempre los espíritus y las almas atormentadas quieren permanecer ahí, es más, quieren huir; pero a cambio, tienen que arrastrar un mortal, o un alma libre de pecado. Ésta es la razón por la que te caes, la mano de un espíritu te agarra y te lanza al suelo para llevarte al Infierno y que tú vivas su tormento. Así que ve con cuidado de no caerte, y si lo haces levántate deprisa, quién sabe lo que puede pasarte si te quedas tumbado en el suelo…

La cosa del desván

Es la 01:37, llevo un buen rato oyéndola y no me deja dormir. Está arriba, en el desván, lo sé, la escucho moverse, arrastrarse. Ellos dicen que es una rata, que no los moleste más, que quieren dormir. Son gilipollas, no puede ser una rata, una rata no hace ese ruido, no se arrastra como un saco lleno de carne. Ha golpeado otra vez el techo sobre mí, es grande, al menos tanto como yo. Joder, no es una rata… no sé qué mierda es pero no es una rata. Ha movido unas cajas, la he oído, está ahí arriba acechando, con su malditas pisadas y su odioso arrastrar.
Son las 02:14, había parado, había parado más de quince minutos, pero ahora hace un ruido diferente. La oigo respirar, mierda, está respirando lenta y pesadamente, cada vez la oigo con mayor claridad. No es una respiración normal, no es humana, no es parecida a nada. Suena fangosa, como si estuviese llena de agua o algo así, joder no puedo explicarlo pero es lo más horrible que he oído en mi puta vida. No se mueve, sólo respira. Me está volviendo loco, es como si lo supiera, es como si supiera que puedo oírla. Quiere asustarme, quiere volverme loco… pero no va a conseguirlo, mientras pueda escribir lo que pienso no perderé los nervios.
Son las 02:26, ahora está mascullando, esa cosa habla, no como las personas, pero habla. No son sonidos guturales, está hablando en un idioma que no es de este mundo, con una garganta que no es de este mundo. Estoy empezando a temblar de manera incontrolable, esto tiene que acabarse, podría irme a pasar la noche afuera pero no puedo dejarlos solos, y menos a la niña.
Las 02:49. Está arañando la puerta del desván. Quiere salir, joder, quiere salir. Oigo su corpulencia golpeando contra la puerta, escucho sus garras o lo que sea que tenga arañando la madera. Quiere salir, venir por nosotros. No sé qué hacer, no sé si debo despertarlos y escapar de aquí. Sigue arañando, sigue empujando, Dios, ¿es que no va a parar nunca…?
02:56, Me acabo de acordar de que la puerta del desván no estaba cerrada con llave, si por azar gira el pomo estará libre. Voy a subir a cerrarla, iré corriendo y la cerrare antes de que me oiga. Joder, me tiemblan las piernas, y el corazón parece que se me va a salir disparado.
Estaban por fuera, joder estaban por fuera. Las marcas estaban en el exterior de la puerta. Ha estado ahí todo el rato. Ese maldito cabrón ha estado jugando conmigo todo este tiempo. Mierda, estaban por fuera. La habitación de la niña está abierta y no me atrevo a salir, que Dios me perdone, pero no me atrevo.

Esperando a que duerma

Fue un día como ningún otro. Totalmente cansado, con la ropa sucia y cada músculo de mi cuerpo estirado.
El trabajo de mozo no era exactamente llevar y traer los platos con comida, era más que eso, y cualquiera que tiene un trabajo de mozo en el hotel Westin sabe a qué me refiero. Bueno, esa noche me tiré rendido a mi cama para descansar y disfrutar del sueño. Esa noche no me fue fácil dormir, por lo que muchas veces me levanté y fui al baño a mojarme la cara o a tomar un vaso de agua.
Entonces, justo cuando sentía que mis ojos se hundían y mi cerebro se relajaba, los escuché.
Mi cuarto está pegado a la reja de mi casa, y se pueden escuchar claramente los pasos de las personas en la vereda, así como las conversaciones que mantienen. Esa vez escuché pasos lentos, y una voz, que decía: “Todavía sigue despierto, hay que esperar”, y escuché cómo las pisadas se alejaban.
A mi parecer se trataba de dos personas. Esas palabras me desviaron de mi sueño, haciéndome difícil volver a concentrarme en dormir. Al cabo de unos minutos, escuché una vez más pasos en la calle, y una voz, que decía: “Todavía sigue despierto”, y otra voz, la que había escuchado antes, respondiendo: “Volvamos luego”.
¿Qué significaba esto? ¿Estarían hablando de mí? Ellos no podían saber si estaba dormido o no, mi ventana estaba cerrada, las cortinas también, ni siquiera yo podía verlos. ¿Se trataría de una broma? ¿Algún conocido quería asustarme?
Entonces decidí esperarlos despierto.
Escuchaba pasos y asomaba mi cabeza por la cortina para ver si se trataba de ellos, pero no venían. No fue hasta casi una hora que escuché nuevamente pasos, y decidí ver por la cortina. Cuando la abrí pude llegar a ver a dos sujetos vestidos con terno, muy elegantes, ambos con lentes oscuros y auriculares. Cada uno llevaba un walkie-talkie en el cinturón, y uno de ellos, el más viejo, llevaba un extraño maletín negro.
Ellos me miraron, yo les devolví la mirada, y el más viejo le dijo al otro: “Lo intentaremos mañana”.
Desde esa noche me decidí a nunca más dormir, me mantengo despierto por voluntad propia, no les daré el gusto de hacer lo que sea que quieren hacer. Es difícil, y a veces siento que me vencerá el sueño, pero una taza de café me mantiene despierto.
Lo más terrible no es evitar el sueño, sino escuchar todas las noches los pasos de esos sujetos, y la misma voz, diciendo: “Algún día tendrá que dormir”.


No mire por el orificio

Es bastante común que desde pequeños, nuestros padres nos enseñen a obedecer sus indicaciones, o bien, las de otro adulto, y siempre y cuando sean para nuestro propio bien. En la mayoría de los casos, los niños responden extraordinariamente a estas indicaciones, hábito que se llevan consigo hasta la tumba. Por otra parte, están aquellos niños que, ya sea por rebeldía o porque les causa curiosidad el saber qué pasará si no la siguen, ignoran lo que, en el mejor de los casos, se les pide amablemente. Yo, pertenezco a este último tipo de niños, o pertenecí, ahora como adulto, son pocas las personas que me dan indicaciones, las cuales atiendo por educación. Sin embargo, la indicación que se me dió aquella noche, y el no seguirla, trajeron a mi vida, la única vez que he renegado de mi incansable curiosidad. La lluvia de esa noche y las altas horas que el reloj marcaba, me obligó a hacer una parada en un motel a la orilla de la carretera, donde tuve que pasar la noche. Dado que no era una época vacacional, el motel estaba prácticamente vacío, cualquier ruido provocaba un eco profundo y penetrante, debido a esto, mis pasos se hicieron oir hasta la recepción, donde se asomó un joven delgado, cuya expresión denotaba cansancio y cierta inquietud, me saludó con una voz tímida -Buenas noches, señor- enseguida respondí -buenas noches, jóven. ¿Me podría proporcionar una habitación?- a lo que respondió. -Vaya suerte la suya, sólo hay una disponible, ya que las demás están en mantenimiento, y una… bueno, no importa. Le asignaré la habitación 5.- La pequeña pausa que el recepcionista hizo me llamó la atención, y como ya he mencionado, mi curiosidad reaccionó en ese mismo momento, sin embargo, no fue necesario preguntar que había con esa habitación, pues el jóven enseguida de entregarme la llave, me hizo un comentario. -Aquí tiene la llave de su habitación, señor. Sólo me queda decirle lo siguiente: en la habitación contigua a la suya, hay una advertencia, le voy a pedir que por favor, la siga atentamente-. No pregunté por qué, le di las gracias al recepcionista y me dirigí a la habitación. Al dar con ella, observé la puerta siguiente, que estaba sellada con cinta policial e inscrita en ella “No pase”, sin embargo, la advertencia a la que se refería el recepcionista era una escrita en una hoja de papel, con una letra casi invisible pero perfectamente legible de cerca: “No mire por el orificio”. En ese momento, noté que la puerta no tenía picaporte, sólo se encontraba el orificio donde se supone que éste debía estar. Sin embargo, el orificio se encontraba obstruido por la cinta policial. Por primera vez en la vida decidí obedecer una indicación y procedí a entrar a mi habitación y dormir, pues planeaba irme en cuanto despertara. El reloj marcaba las 3 am y no lograba consiliar el sueño, era mi curiosidad por saber lo que había tras esa puerta, la intriga del por qué la cinta y el no mirar por el orificio del picaporte. Supuse que algún crimen se había cometido recientemente y la policía aún investigaba, pero eso no respondía a el por qué no mirar por el orificio, y aún si así fuera, la entrada al motel en general estaría restringida. No lo resistí más, me levanté de la cama y me dirigí hacia esa puerta, toqué como si alguien estuviera ahí, esperando recibir respuesta, la cual no llegó, traté de empujarla, pero estaba fírmemente sellada… sólo quedaba una cosa por hacer. En cuanto pensé en eso, el sudor comenzó a escurrir por mi rostro, mis piernas y mis brazos temblaban y mi corazón golpeaba fuerte y con frecuencia mi pecho. Después de respirar profundo, tratando de calmar mis nervios, me agaché, rasgué la cinta que cubría el orificio y léntamente asomé mi mirada. El cuarto parecía estar en orden, la cama tendida, la lámpara y el tocador que estaba a un lado también, la televisión pequeña que había frente a la cama estaba apagada y sólo lograba distinguir todo esto por un pequeño rayo de luz que entraba por la ventana. Seguí verificando la habitación cuando mi mirada se topó con una mujer sentada frente al tocador, no logré ver su rostro debido a que el espejo parecía estar roto. No se me ocurrió hablarle, ni llamar su atención, quizá fue por el escalofrío que recorrió mi espalda en el momento en que la vi, me enderecé y caminé de nuevo a mi habitación, con una sensación de que ahí es donde debí quedarme desde un principio, sin embargo, lo hecho hecho estaba. Por unas horas logré dormir, pero volví a despertar cerca de las 7, aún consternado por lo que había visto. Me dirigí una vez más a la habitación en cuestión y me asomé por el orificio, esta vez no vi las cosas en orden, ni la cama, ni a la mujer, sólo observé un fondo complétamente rojo, lo cuál me pareció extraño, y pensé que tal vez la mujer se había dado cuenta de que estuve observando y colocó alguna prenda en la puerta para que nadie hiciera lo mismo. Enseguida recogí mis cosas y fui a la recepción a entregar la llave. Estaba otra vez ahí el recepcionista, con una expresión mucho más inquieta que la de anoche y esta vez un tanto molesta, notó cierta inquietud en mí. Sólo me miró fijamente por un corto tiempo y exclamó -Miró por el orificio… ¿cierto?-. Su mirada fue tan penetrante, exigiendomé violentamente la verdad. -Si, lo hice-. Su expresión ahora se tornó a una de tristeza, suspiró y me dijo -bien, supongo que no se puede ir con la duda, permítame contarle: Hace dos años, un matrimonio pasó la noche en esa habitación, el hombre al parecer se molestó demasiado con la mujer, como si hubieran peleado antes de que llegaran aquí, esa misma noche, el hombre perdió el control rompió el espejo de la habitación, y asesinó a la mujer con los pedazos de este, después de que el cadaver de ella ya hacía en el suelo, frío y sin vida, le sacó los ojos, con los mismos pedazos de vidrio con los que le dio muerte. Un año después, una persona que se hospedaba en la misma habitación en la que usted se hospedó, juró ver a una mujer que se asomaba por la rendija de la puerta de la habitación donde ocurrió el homicidio, -¿y era el fantasma de ella?- dije yo -si… y sólo pudo concentrarse en una cosa- dijo él -¿cuál?- pregunté yo. -… Sus ojos rojos-.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Asuntos Pendientes

                                                                                 reliquias-de-la-muerte-simbolo
Levantó la cabeza al oír el crujido de la pesada puerta  de madera, y en el céfiro místico de las luces de las velas asomó Anne. La niña se adentró lentamente, dejando traslucir primero dos grandes cuernos y luego una intrincada corona de espinas. De los huecos del cráneo afloraba su mirada azul e inescrutable.
-          Anne, ¿qué haces a esta hora de la noche jugando con mis cosas? – dijo su abuela entre risas.
Repentinamente las luces brillaron con intensidad: todo se volvió de un anaranjado enfermizo. Anne continuaba parada en silencio, con la mirada imponente atornillada en la anciana. Llevaba puesto un camisón de conejos con vuelos y unos viejos borsegos de cuero. El cráneo de toro que usaba como máscara se alargaba hacia abajo, terminando en una inmortal sonrisa dentada.
-          Anne, ¡respondeme! – exigió su abuela con voz áspera e imperativa.
El aire de la habitación se tornaba lentamente más pesado y húmedo, con un innegable olor a azufre. Las sombras de los muebles se retorcían hasta formar siniestras y delgadas presencias en las paredes.
-          Es cuestión de principios, ¿no? – dijo la niña sorpresivamente con voz calma y madura – Pero no hay principios en esto, ¿no crees Emelinda? Sí que sabes de eso.
Un escalofrío recorrió la espina dorsal de la anciana. Sus ojos se cristalizaron de inmediato.
-          ¿Anne? – preguntó tímidamente Emelinda. – No juegues con estas cosas preciosa, me estás asustando.
-          Selección natural. – contestó en tono inmutable. – Se aplica perfectamente en vida, pero deberías entender que lo nuestro es algo más trascendental que la ley del más fuerte.
-          ¡Niña! – profirió la anciana, irguiéndose de un salto. – ¡Ve a tu cuart…
-          ¡Anne no está aquí! – dijo bruscamente.
Emelinda la contempló, amenazante, y con el rabillo del ojo vio a las presencias reptar y anudarse hasta forjar un gran árbol, del que pendía una escalofriante y solitaria horca. La sombra de la niña se retorcía brutalmente a sus pies, como si algo monstruoso estuviera por nacer allí.
Su corazón dio un vuelco. La mirada azul que se ocultaba no era de Anne y ella lo sabía.
-          ¡¿Quién eres?! ¿Dónde… está mi nieta? – preguntó espantada.
-          En un lugar muy oscuro y frío. – respondió. Una cruel sonrisa se desplegó debajo del cráneo de toro. – Se ha ido por siempre.
-          ¡Te exijo que me develes tu nomb…
-          ¡Mi nombre es Bathsheba! – bramó enfurecida, levantando los brazos gloriosamente.
 La anciana la miró desorbitada, con las manos en la boca conteniendo el pánico a punto de estallar.
-           ¿Me recuerdas Emelinda? Siempre has sido memoriosa. ¿Recuerdas lo bien que repetías las misas negras? Palabra por palabra. – prosiguió lánguidamente mientras se acercaba unos pasos y disfrutaba a la vieja desplomándose de rodillas. – Yo te recuerdo muy bien. A ti y a las otras que me ahorcaron ese invierno.
-          P… Perdón Bathsheba, te lo ruego, ¡perdóname! No fue mi decisión. – dijo Emelinda con la cara llena de lágrimas.
-          Me recuerdas… ¿Cómo olvidarme? Mis manos arañando la cuerda maciza y mis pies temblando histéricos ante el peso de la muerte. Ustedes riendo hasta llorar. Todo vuelve a mis ojos mágicamente, Emelinda. Te veo allí, joven y hermosa, con aspiraciones de grandeza, a punto de incinerar mi cuerpo casi muerto.
-          ¡Te lo ruego, Mi Señora! –
-          ¡Oh! – profirió jocosa. – Hace tiempo que no escuchaba a alguien llamarme así… No está mal, sólo es un poco anticuado, ¿no? Desde que me mataron supongo que no hubo líder. ¿O acaso se mutilaron unas a otras y tengo a la ganadora frente a mí?
-          Fueron ellas. – susurró. – Ellas lo planearon. ¡Fueron ellas! Créeme, lo ruego.
La niña le chitó y con una de sus diminutas manos le secó las mejillas. La sombra que se arqueaba por debajo serpenteó hasta proyectarse en la pared, y tomó la forma de  una escuálida y gigante criatura.
-          Tranquila bonita. Tendremos tiempo para conversar. – le dijo y besó su frente arrugada.
De uno de los bolsillos de su camisón de conejos descubrió un pequeño muñeco de trapo, y colocó rápidamente su cabeza sobre la fulgurante llama de una de las velas. La anciana la observó actuar desconcertada, y unos segundos después comenzó a chillar.
La piel de su rostro se desprendió automáticamente del músculo, y sus ojos se licuaron hasta escurrirse en el suelo. Se retorcía espantosamente mientras con sus uñas se arrancaba mejillas y labios.
Pronto sólo quedó algo de carne chamuscada adherida al hueso. Ya no se movía, pero de alguna forma inquietante, el cuerpo inerte seguía gritando con desesperación.
Bathsheba mantuvo su mirada poderosa sobre ella, alienada de los alaridos de la cabeza esquelética.
-           Nos vemos más tarde. – sentenció.
Levantó uno de sus pequeños pies y le aplastó el cráneo.

Casi humano

Despertó al oír el clic de la puerta cerrándose.
Era medianoche: la luna brillaba fantasmagóricamente en el cenit de los cielos y todos descansaban con tranquilidad en sus hogares. Todos excepto el pequeño Will, que miraba desorbitado a la inexorable oscuridad, con la gigante camiseta de los Yankees transpirada, y el corazón acelerado a punto de catapultarse de su pecho.
La habitación era un completo manto negro y sordo de misterios. La luz del pasillo, que se encendía para su tranquilidad, había quedado atrás cuando la puerta se cerró. No lograba oír casi nada: ni al gato de su abuela merodeando en la noche, ni a las ventanas zumbando por el fuerte viento de diciembre. Sólo alcanzó a percatar, aguzando el oído con esfuerzo, un leve crujido, como el de ramitas quebrándose bajo una pisada, que se repetía persistentemente.
TractractracTractractrac.
Con movimientos ágiles se destapó, empujando con las dos piernas la pesada manta de lana. Necesitaba sentirse libre para alcanzar el velador junto a su cama y encenderlo rápidamente, sin tener que prestar su diminuta mano a la incertidumbre de la oscuridad.
Se estiró hasta palpar con la yema de los dedos un pompón peludo, y más arriba comprobar que estaba unido al cordón que accionaba el velador.
TractractracTractractr
El traqueteo se detuvo inesperadamente, paralizando a Will a punto de encender la luz, en medio de la hambrienta penumbra.
—Shhhhh —chitó una voz frágil y arenosa.
Soltó el cordón aterrado y giró hacia la misteriosa voz que provenía desde sus espaldas. Buscó bultos y formas en la negrura, pero todo se veía igual de llano y azabache.
—¡Shhhhh! —repitió la enigmática presencia con más violencia y autoridad.
Will abrazó con fuerza la almohada y se entregó por completo al pánico: en su mente sólo se dibujaba la imagen de su mamá entrando a la habitación. Las lágrimas no tardaron en estallar su angustia silenciada.
—Shhhhh. No llores maricón —dijo amenazante, y agregó—: Soy la abuela, Will, duérmete ya. Mamá llegará cuando amanezca.
Y repentinamente todo tuvo sentido. Imaginó a la anciana, con los ojos cerrados bajo sus  gruesos lentes, dormitándose con los movimientos placenteros de la mecedora, esperando  que su nieto pudiera conciliar el sueño en su primera noche lejos de casa.
El corazón fue disminuyendo sus latidos y la oscuridad siniestra fue transformándose en un velo plácido de sueños. La almohada que enjuagó sus lágrimas ahora era morada de fantasías intrusivas.
«La abuela me vio llorar. ¡Qué ridículo s…».
«La abuela me vio».
«¿Cómo pudo verm…», pensó el pequeño Will espantado.
Con desesperación tiró zarpazos al aire hasta encontrar el cordón que encendió la mortecina luz del velador.
El cuarto se iluminó: dos ojos verdes brillaban como piedras preciosas. El gato de la abuela miraba a Will con cierta complicidad bromista desde la mecedora.
Abrió apresuradamente la boca y desenrolló una gran lengua áspera y amoratada, la lengua de la abuela. Una bola pegajosa de cabellos blancos salió despedida desde la garganta del animal hacia la falda del niño.
—Dije que duermas, maricón —dijo el gato enfurecido y rió humanamente antes de desaparecer en las sombras.

(Cuento original basado en el relato de un niño autista, William Morrison, que dice haber escuchado la voz de su abuela desaparecida dentro de su gato, al que misteriosamente tampoco hallaron la noche de los sucesos. Este relato participa en el concurso online de microrrelatos foscos “Estoy Contigo”).

Creepypasta en español - Sueños en parálisis.

Ha llegado otra vez la temida noche, la que todos esperan con ansias y yo temo de una manera extravagante… según todos es el tiempo que mas rápido pasa, pero para mi, es la tortura mas lenta y desesperante habida jamás. No descanso mucho, y eso es algo que mis ojeras revelan a cualquiera, luzco 5 años mayor, y siempre me veo cansada y poco saludable… Es muy fácil
intentar renunciar al sueño y mantenerme despierta toda la madrugada, pero la racha laboral y el inconsciente deseo de descansar ganan la batalla la mayoría de las veces.
Quizás muchos de ustedes habrán leído, o tan siquiera escuchado acerca de los sueños en parálisis, para los que no, se trata de un sueño en el que tu consciencia esta activa mientras tu cuerpo esta dormido. He investigado en incontables situaciones acerca de ellos y sus causas, es siempre lo mismo, la misma información, los mismos casos… Pero nunca una verdadera respuesta a mi pregunta… Se que mis sueños no son a causa de mi mala conducta, o malas intenciones a mi alrededor; se que detrás de todo hay algo mas.. Hay quienes me buscan, quieren algo de mi… Me dañan psicologicamente para así conseguirlo, y cuando lo hagan, ya no seré la única perjudicada.
Estoy sola en mi habitación, con las luces aun encendidas; se que es psicológico, pero ellas me hacen sentir protegida… Veo el reloj colgado en una de las paredes, ya son las 11:37 pm -Debo dormir, o no tendré energías mañana- Pienso. Me recuesto en mi cama e intento concentrarme en como estuvo mi día, pero como todos, fue aburrido e insignificante… Solo intento reprimir la idea de que por mas que intente ignorarlo ellos vendrán por mi, una vez mas. Ya mi consciencia se va desvaneciendo mientras que la oscuridad invade mi mente y todo mi cuerpo se deja llevar al viaje de la tortura y el miedo.
-Ya estoy aquí, ¡he llegado!- pienso- No puedo mover mis labios, no puedo mover ningún musculo de mi cuerpo, estoy totalmente paralizada. Todo mi alrededor esta en penumbras… Ya comienzo a sentir como mi cuerpo, manteniendo su postura, va ascendiendo lentamente; nunca entiendo lo que sucede, es una sensación desesperante. Reprimo todos mis gritos de desesperación, solo quiero ayuda, pero la maldita imposibilidad de moverme
me lo impide. Son solo 15 minutos, los 15 minutos mas malditos, los que mas detesto… Intento calmarme, se que solo así me dejaran en paz, pero quiero saber que quieren, ¡¿QUIENES SON?! ¡¿QUE QUIEREN DE MI?! ¡DEJENME EN PAZ! Fallo nuevamente, deseo tanto poder recuperar el control de mi cuerpo, el cual no para de ascender. Las lagrimas comienzan a invadir mis ojos, estoy desesperada, solo quiero ayuda, quiero gritar, quiero que todos escuchen mi llanto…
Me despierto sobresaltada, mi cuerpo esta sudado y mi corazón late rápidamente, no hace falta posar la mano en mi pecho para sentir sus fuertes golpes. Es tan relajante poder ver el movimiento de mis muñecas, poder sentir mi respiración agitada… Veo el reloj y veo que son las 3:58 am, enciendo todas las luces, me siento en mi cama mientras abrazo mis rodillas
deseando que no pase lo que se que sucederá en la noche.paralisis del sueño_thumb[1]

miércoles, 4 de febrero de 2015

La Oscuridad

“Buenas noches cariño” , así es como la madre se despide de su hijo , el pequeño Marco, un niño de 4 años , inocente, que disfruta de la simpleza de las cosas, solo buscaba la diversión en todo lo que podía.
Ella apaga la luz de su cuarto y la oscuridad aparece en toda la casa, ¿sabes a lo que te enfrentas?, cuando las luces se apagan te sumerges en un océano, rodeado por lo que no sabes si son las mas espeluznantes creaciones de tu imaginación, o si la realidad es lo bastante retorcida como para que existan semejantes cosas.
Frente a toda esta oscuridad, cuando el reloj se acercaba a las 3 de la mañana el pequeño Marco abre sus ojos, observando la inmensidad de este mar, podía distinguir el brillo de algunos de sus juguetes, que seguían donde el los dejo en la tarde… obviamente ordenados en su repisa, pero no despertó por mera casualidad, la leche no fue suficiente para él debido a que seguía con apetito.
No lo dudo ningún segundo, tiro las sabanas lo mas atrás que pudo y se levanto de un salto, tomo su osito de peluche del brazo y lo arrastro por el suelo mientras bajaba los escalones para llegar a la planta baja de su casa. Una vez allí miro de lado a lado, no podía distinguir nada solo veía sombras que sabía que eran de los sillones, pero no concretamente cual él solo siguió su camino y se dirigió a la cocina para poder tomar un vaso de leche.
Llego a lo que parecía la cocina, empujo una caja de leche para poder subirse y así prender la luz, ahora sí, podía distinguir todo lo que ahí había. Siguió moviendo la caja para abrir el refrigerador y sacar la caja de leche, luego repitió el mismo proceso de mover la caja pero para obtener un vaso. Con su vaso de leche el se sentó en la mesa que había allí, y se puso a charlar con su osito, le contaba lo que harían mañana, era el día de salir de paseo por el parque, era una adorable escena que se vio irrumpida.
Silenciosamente mientras ellos hablaban una pelota apareció rodando, suavemente, el pequeño bajo de la silla y se acerco, sorprendido no sabia de donde venia, se agacho para recogerla, y al levantarse contemplo lo que había al frente, oscuridad, una gigantesca oscuridad, era algo distinto a las otras veces, esta vez algo había ahí, no sabia que.
Corrió de prisa donde su osito lo abrazo y volvió donde la pelota estaba, miraron otra vez hacia allá , parecía no haber nada, puse la pelota en el suelo y la empujo para devolverla de donde venia, se perdió en la oscuridad, fue nuevamente con su osito a tomar la leche cuando la pelota regreso, esta vez boteando, a pesar de sus 4 años el sabia que alguien la arrojo, se acerco una vez mas para ese limite entre la luz y la oscuridad tratando de hablar con alguien , pero nadie le contestaba, en ese mismo momento la luz de la cocina se apago, quedando completamente solo con su osito en la infinidad de la oscuridad.
Miraba a todos lados, pero solo había oscuridad y ya nada ni nadie era capaz de ayudarlo, algo esta le hacia temer, le hacia desconfiar de todo, no se sentía seguro comenzó a correr por lo que parecía un pasillo pero que nunca acaba, por mas que intentaba no podía encontrar el camino para volver a su pieza o a la de sus padres.
La desesperación comenzó, y con ella el llanto, el pequeño Marco no sabia que hacer solo abrazo a su osito, para sentirse acompañado, pero no seria la única compañía que tendría el distinguía un brillo al fondo de ese pasillo, sus juguetes pensó el, se acerco ingenuamente pero aquel brillo se comenzó a acercar y a hacer sonidos raros, fue ahí que se percato de que no eran sus juguetes, y aquellas sombras se arrojaron encima de el para atraparlo, pero consiguió arrojarles su osito y escapar.
Subió las escaleras lo mas rápido posible y se sentó en su cama a llorar, no entendía que fue lo que ocurrió, vio en su puerta la sombra de un sujeto alto, que vestía una túnica y que la capucha que usaba le cubría el rostro, el pequeño se puso en la esquina de su cama llorando, y el sujeto se sentó a su lado y dijo:
“Cierra los ojos y la oscuridad desaparecerá”
y así fue como el cerro sus ojos…
A la mañana siguiente, los padres buscaron en toda la casa sin suerte, y la cama de su hijo totalmente cortada y sus sabanas desgarradas, sus padres no podían estar mas acabados… mientras ellos estaban en el living de su casa desconsolados tratando de asimilar lo ocurrido, suena el timbre de la casa, corriendo salen a ver si el pequeño había regresado, pero solo había un osito de peluche que en su pecho tenia escrito con sangre:
“Cierra los ojos y la oscuridad desaparecerá”